Una vez…

Una  mujer se desmayo cuando la besé. Deseaba tanto besar esos labios que en ese momento deje que las pasiones contenidas se desbordaran sobre ellos y no hice caso a los intentos de separarlos. No tardó mucho en desvanecerse y me sentí halagado, aunque un poco asustado, pero no mucho. El ego pesaba más que su cuerpo suelto. Duro poco el encanto. Despertó a los pocos minutos, mi victoria fue convertida en bochorno. Estaba tan constipada por una alergia que no la dejaba respirar. Lo demás imagínese usted.

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