QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE II

Han empezado a circular (al menos he visto dos) unas supuestas cartas de empresas cancelando relaciones comerciales con Ford México a causa de la decisión de ésta marca, pero en EEUU, de detener su inversión en el país. No sé si son reales o no, al parecer algunos noticieros han confirmado la información. Esta parte no es lo trascendente.

Lo interesante es la manera en que este país habitualmente encuentra acertado dar una respuesta o una propuesta – lo que empeora las cosas – que convoca a destruir en lugar de construir.

Si bien, es lamentable la actuación de Ford Co., cualquiera que sean los motivos que llevaron a tomar esa resolución, más lamentable es la decisión de las empresas nacionales de cancelar relaciones comerciales con la compañía en México. Pero lo peor  de todo el asunto – si cabe – son las ovaciones de pie que recibe de estetas e improvisados. Me explico.

En esa empresa, a la que le están cancelando las relaciones comerciales, es una empresa en la que trabajan mexicanos, profesionales, técnicos, mecánicos, vendedores; todos ellos viven de ese trabajo, tan honesto y válido como el más. Y son mexicanos. Que no tuvieron ni voz ni voto, ni hubo reunión o estudio preliminar, ni nada, para acabar pronto. Aunemos a estos compatriotas, las repercusiones en los empleos indirectos, que también son mexicanos y que también verán afectada su economía por una decisión tomada desde el más bajo patriotismo cuetero.

Bajo esta lógica, quisiera se me explicara por algún avezado, ¿en qué basan su aprobación a esta “brillante” idea? Los improvisados, absténganse, por favor. Porque lo que realmente preocupa es la aprobación – permitiendo el desliz – generalizada a estas medidas, insisto, lamentables.

Y es que nos apetece fácil, ante el golpeteo artero y alevoso de Trump o Ford Co. responder con berrinches y pataletas, cual niño mal criado, habituado a recibir lo que quiere, porque es su derecho – a saber de dónde se originó semejante cosa – y no consideramos plausible  realizar propuestas constructivas, desarrolladas, bien planteadas, que hagan frente, si, a una situación bastante cabrona que se nos viene. ¿Porqué no establecer con Ford comprar autos hechos en México y no comprar los que vengan de EEUU?¿Será tan malo?

En la entrada anterior, hablaba que el triunfo de Trump debiera verse como una gran oportunidad para que este país abandone su dependencia histórica de una nación que no ve más que estratagemas perversas para sacar provecho de nuestra adolescente necesidad de ser incluidos en el escenario global.

Nos costará un huevo salir adelante, si. Pero nos vamos a castrar si la línea de acción va a ser semejante a estas dos cartas y sus peores reacciones. Insisto – e invito – a construir desde la comunidad, desde nuestros productos, desde lo hecho en México, y que lo que hagamos en México lo hagamos con una calidad que cause envidia, que cause deseo de otros países por adquirirlos o por imitarlos. Y esto no limita a los productos que ostenten marcas creadas fuera de estas floridas tierras (ya habrá oportunidad de eso, también); mientras esté fabricado, manufacturado, hecho, producido en México y por mexicanos, hay que apoyarlo, exigirle calidad, mejorar, optimizar y consumirlo.

No veo porque no podamos desarrollar productos y servicios que promovamos en nuestro propio territorio, construir un mercado interno sólido, pujante, un mercado de mexicanos para mexicanos, donde se consuman productos de primera calidad que lleven al progreso económico de los diferentes sectores de la sociedad mexicana. Productos y servicios de tan alta calidad que sean objetos de deseo en otras fronteras; y entonces sí: dejar de ser ese perro faldero en los mercados internacionales, y poner nuestras condiciones -justas y con beneficios claros para el país – en las que nos podría interesar comerciar. Es difícil, si; hay que chingarle, también. Pero no es por decreto, por carta impulsiva,  por líderes mesiánicos, y mucho menos por la paupérrima y vergonzosa clase política.

Es desde aquí, mi vecindario, mi comunidad, mi colonia, mi ciudad. Y así.

Aclaro, antes de que me sentencien a la cruz, que con lo anterior no infiero ni afirmo la inexistencia de productos con excelente calidad y excelentes productos y servicios; pero sí aclaro que necesitamos más de éstos y menos de aquellas respuestas como las ocasionadas por las dichosas cartas y de las que nos colgamos para sentir defendida una  nacionalidad trespesera. No es ser peyorativo ni discriminador – un mame que les encanta – es hablar con un principio de realidad. Eso creo yo.

Necesitamos dejar de reaccionar como niños y comportarnos como adultos, en un escenario más amplio que la propia expresión. Es momento de un cambio – frase trillada hasta el cansancio – en muchos sentidos, pero si seguimos la senda rápida y vacía, solo estaremos persiguiéndonos la cola y lamiéndonos el chile, como perros callejeros.

Nunca llegaremos a ningún lado si seguimos reaccionando de la manera en que lo estamos haciendo. La salida fácil, el descrédito irracional, la descalificación impulsiva.

Construyamos. Desarrollemos. Inventemos. Trabajemos. En resumen. Vamos a ponerle huevos al tema.

Ricardo Meza

@avedrio

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CARTA ABIERTA A MIGUEL ÁNGEL MANCERA

Parece ser que últimamente ha estado dando tumbos con sus decisiones en la gubernatura de la ahora Ciudad de México con todo este asunto de las condiciones ambientales, que según distintos organismos, están casi tan mal como sus niveles de aprobación. Y no es que me preocupe su imagen., esa bien merecida que se la tiene, por rodearse de incompetentes. Por supuesto que no toda la culpa es suya, pero usted es le representante y nosotros, los de a pie, tenemos que desquitarnos con alguien, así que le toca aguantar vara.

 

Como decía, su popularidad me tiene más que sin cuidado, pero contrario a eso, me preocupa que usted y la caterva de incompetentes que tiene como asesores sigan tomando tan malas decisiones en materia de vialidad, ecología, civilidad y en general todo este meollo del programa “Hoy no Circula”, por lo que, sin que nadie me lo pida y apelando a mi derecho ciudadano de emitir mi opinión y tratar de llegar a usted de alguna manera, me tomo la molestia de hacerle algunas recomendaciones que podrían ayudar a mejorar estos temas en la Capital. Si se lo pregunta, lo que me impulsó a escribirle fue que escuché que anda pidiendo un dinerito a la Federación para atacar el asunto, y ahí fue que me preocupé todavía más, solo de imaginarme que de lo que solicite, el 60% se vaya en chapucerías y tranzas a las que usted y los de su profesión están tan habituados.

 

De ante mano le pido que no se preocupe. No me interesa una tajada del pastel. Me interesa más que lleve a cabo esta humilde propuesta, con la inocente idea de que pueda mejorar en algo la calidad del aire, la vialidad, la convivencia social y en una de esas hasta la ocupación laboral y la economía. Se la regalo con una condición: que si sus asesores, equipo de trabajo y demás lamebotas no tienen los tamaños necesarios, se busque a otros, que mire que entre la ciudadanía, lejos de los circos de siete pistas de la política nacional, tienen bastantes propuestas más acertadas que las de su equipo de trabajo e incluso las que a continuación le expondré.

 

Le adelanto, terminando mi introducción, que esta propuesta tampoco le ayudará a mejorar su imagen. Todos van a pegar de alaridos, ya verá. Pero apelaré a su sentido histórico, si le sirve de consuelo.

 

Primero. El programa “Hoy no circula” me parece que debería seguir en la modalidad en la que todos dejen de circular un día. Quite la farsa de los engomados doble cero, tres equis y lo demás que se les pueda ocurrir, sin embargo mantenga la verificación, como un mecanismo que garantice, y aquí la chamba contra la corrupción la tiene pelada, que el auto en cuestión cumple con requerimientos mínimos para poder circular en la ciudad. Y que sea eso: un permiso para poder circular en la Ciudad de México (del Estado de México hablaré al final, ya que ahí se cuece aparte), independientemente del estado de la República del cual proceda dicho auto. Pero también incluya, si es que descarta una de las propuestas que describo mas abajo, a microbuses, autos oficiales, taxis, camiones oficiales, tractores, etcétera. Si usa motor a gasolina o diesel, que se verifique y que cumplan todos con la norma. Es una cuestion de equidad.

 

Segundo. La industria, que sacarla de su sitio a estas alturas, es imposible, que también entre en una normativa que regule sus emisiones, pero que también se cumpla. Luego en este país el problema no son las reglamentaciones, y sí el que no se cumplan, porque se dan sus mochadotas de dinero entre todos. Y si de plano no cumple, multarla hasta que le salga más barato cumplir la ley o salirse de la ciudad, ya que cada quien escoja. Si en este caso, existe, dirán algunos, la reglamentación pertinente, pues no se que trabajo les cuesta aplicarla, porque digan lo que digan, no se nota.

 

Respecto al transporte publico (microbuses, taxis, camiones, etc.) también le sugiero que se ponga las pilas, y sobre todo, los pantalones. Si algún sector afecta más a la vialidad y a la contaminación de esta otrora, región mas transparente, es el servicio de transporte. No solamente es ineficiente en cuanto a capacidades e infraestructura. Está manejado por primates, que aunque tienen su derecho de ganarse la vida honradamente, también tienen la obligación de civilizarse. Aquí sugiero que sea obligatorio que todos ellos utilicen motores impulsados por electricidad, sólo electricidad. Los híbridos déjelos aparte para otros asuntos. La ventaja, además de no tener emisiones contaminantes, será que las velocidades que puedan alcanzar no pongan en riesgo a los usuarios. Habrá quien se queje que 60 km/hr va a ser muy lento, pero bien pensado, en esta capital muchas veces no se puede ir a más de esa velocidad, así que por esa protesta, no se me agüite. Y de los operadores, bueno, pues que se capaciten (hasta me siento estúpido sugiriendo esto). No usted, no el Gobierno de la Ciudad, ni la SEP ni nada de eso. Deje a la iniciativa privada que colabore. Pero que tengan un mínimo de capacitación, con ciertos parámetros de conocimientos del reglamento, de vialidad y de civilidad. Esos parámetros sí los pone usted, ya que alguien más se dedique a capacitarlos y un par más a certificar a los que están capacitando. Eso se llama crear economía.

 

Este apartado (el del transporte público) es muy profundo. Hacen falta trenes en el metro y camiones en el metrobus , que tengan horarios establecidos y que los cumplan – usted se echa el tiro con los sindicatos y demás instancias retrogradas que ayudan a que las cosas no progresen – Ahí tiene en qué puede gastar esa lanita que anda pidiendo por allá: en más trenes y metrobuses. Que los microbuses tengan paradas fijas, y que los usuarios y los conductores, respeten. De los taxistas, incluyendo a Uber, Cabify y todas sus parentelas, que también usen únicamente motores eléctricos. Si quieren. No pregunte, porque a la hora de ajustarnos, nadie le quiere entrar. Es de a huevo, que no es lo mismo que a huevo.

 

Ahora bien, los conductores particulares tampoco son peras en dulce. Hay mucha chamba por delante y yo solamente le sugiero en este apartado, dos cosas. La primera: Grúas concesionadas (no se gaste su lana, no sea maje) que, con cámara de video y toda la parafernalia tecnológica para evitar el chanchuyo, la mordida y la tranza, se dediquen a levantar y multar a todos los que se estacionen en doble fila, obstruyan la banqueta, se estacionen donde no deben (aplíquense en la señalización) y que paguen multa y arrastre. Nada de que te pago aquí con la terminal de la tarjeta y ya me voy. Naranjas. Que pierdan su día enterito en sacar su carrito del corralón. En dos meses ya recuperó lo que anda pidiendo en otro lado. Nada más con que se dé sus vueltas por las escuelas, los bancos y restaurantes, y la arman a todo mecate. Ahí también se hace economía.

 

Su reglamento de tránsito es perfectible, pero ahí le paramos. El problema, como menciono líneas arriba, es que se aplique a cabalidad. Las camaritas ahí la llevan, pese a que ha habido sus inconsistencias, pero se puede apostar. Aquí mi última propuesta: Capacite a unos cuantos cientos de miles de personas en el reglamento, deles equipo (de ese tecnológico para evitar lo de la chapuza), placa y jurisdicción, y replete las esquinas de la ciudad con estos nuevos elementos para que todos se lleven su multita si no cumplen lo que se está proponiendo en su reglamento. No se exponga a las ladys y mirreyes. Se les avisa de su infracción, pero si se ponen desquiciados, foto-multa, apoyo de las corporaciones del orden y que reflexionen sus actos en la delegación correspondiente unas cinco horitas. Aquí también se hincha de billetes (no usted, el Gobierno de la Ciudad, no me mal interprete) y paga sus deudas (otra vez, las de la Ciudad, no la suyas), invierte (como Gobierno, no como particular) en infraestructura y capacitación mientras que todos los demás nos educamos.

 

Dejo al final al Estado de México, que también es parte de la bronca, pero son buenos para hacerse de la vista gorda y cargarse a la manta fiada. Para ellos – es decir, su gobierno – pedirle que se adicione a las propuestas, pero si se hace como el tío Lolo, entonces, nada más se le aplican las condiciones para que circulen dentro de la Ciudad. Si quiere hacer recorridos, paradas, descenso de pasaje, etc., su transporte debe de ser eléctrico. Que ellos le inviertan en transporte público, que esta para llorar. Pero si se acercan de este lado, tienen que cumplir. Y así nos vamos de filo. Lo mismo para automovilistas, taxis y etcétera.

 

Cómo dice la canción: Ahí te dejo mi desprecio. Dele una pensada, que mire que para sentido común no se necesita mucho, y aunque de momento su popularidad se mantenga en los nivles actuales, e incluso empeoren con algunas de las propuestas, la historia le hará justicia.

 

Suerte.

Ricardo Meza

@Avedrio

DE VERITAS Y DE MENTIRITAS

El pasado 20 de julio se celebró el 46º aniversario de la llegada del hombre a la luna, y los nombres de Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins junto con la misión que encabezaron (Apolo 11) vuelven a surgir en las discusiones y pláticas en redes sociales, sobremesas y cafés de todo el mundo. Los tonos son variados, pero los temas se limitan a dos versiones que se encierran en una pregunta: ¿llegaron realmente en ese momento a la luna, o no?

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¿Cocha diche? Los alcances (o límites) de la comunicación humana


“Yo sé que usted cree comprender lo que piensa que yo he dicho,

pero no sé si se da cuenta de que lo que usted ha oído no es lo que yo quería decir.” – Pierre Rataud

 

¿Cuántas veces ha tenido discusiones acaloradas por malos entendidos con su pareja, sus amigos, sus compañeros de trabajo y hasta en twitter o facebook? En la vida pública, en la cotidiana y en lo personal hay miles de situaciones, generalmente acompañadas de expresiones, que han sido interpretadas de tal manera que el interlocutor no pudo prever y hay cantidades infinitas de historias que incluyen enredos de comunicación. Nadie esta exento; por más estrictos que seamos en nuestra forma de expresarnos, en usar las palabras adecuadas o en estructurar nuestras ideas cumpliendo toda regla y estructura gramatical[1], en la mayoría de los casos cada uno de nosotros construirá en su mente una imagen (por llamarla de alguna manera) que no siempre se acerca a la realidad que tratamos de describir o expresar. Pese a lo anterior, hay incluso quienes afirman que “nunca han tenido un problema de comunicación” o para zanjar el asunto terminan diciendo “ese es tú problema, yo lo dije muy claro”; y es que en estos y otros casos cotidianos no logramos una comunicación, ya no digamos efectiva, ni siquiera transmitimos algo.

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