Una vez…

Una  mujer se desmayo cuando la besé. Deseaba tanto besar esos labios que en ese momento deje que las pasiones contenidas se desbordaran sobre ellos y no hice caso a los intentos de separarlos. No tardó mucho en desvanecerse y me sentí halagado, aunque un poco asustado, pero no mucho. El ego pesaba más que su cuerpo suelto. Duro poco el encanto. Despertó a los pocos minutos, mi victoria fue convertida en bochorno. Estaba tan constipada por una alergia que no la dejaba respirar. Lo demás imagínese usted.

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¿Cocha diche? Los alcances (o límites) de la comunicación humana


“Yo sé que usted cree comprender lo que piensa que yo he dicho,

pero no sé si se da cuenta de que lo que usted ha oído no es lo que yo quería decir.” – Pierre Rataud

 

¿Cuántas veces ha tenido discusiones acaloradas por malos entendidos con su pareja, sus amigos, sus compañeros de trabajo y hasta en twitter o facebook? En la vida pública, en la cotidiana y en lo personal hay miles de situaciones, generalmente acompañadas de expresiones, que han sido interpretadas de tal manera que el interlocutor no pudo prever y hay cantidades infinitas de historias que incluyen enredos de comunicación. Nadie esta exento; por más estrictos que seamos en nuestra forma de expresarnos, en usar las palabras adecuadas o en estructurar nuestras ideas cumpliendo toda regla y estructura gramatical[1], en la mayoría de los casos cada uno de nosotros construirá en su mente una imagen (por llamarla de alguna manera) que no siempre se acerca a la realidad que tratamos de describir o expresar. Pese a lo anterior, hay incluso quienes afirman que “nunca han tenido un problema de comunicación” o para zanjar el asunto terminan diciendo “ese es tú problema, yo lo dije muy claro”; y es que en estos y otros casos cotidianos no logramos una comunicación, ya no digamos efectiva, ni siquiera transmitimos algo.

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